¿Qué adultos te pusieron esas etiquetas y sobre todo, cómo te han afectado estas etiquetas en tu vida posterior, en tu vida adulta?

 

Son muchas las ocasiones en las que me encuentro a niños e incluso a adultos respondiendo fielmente al adjetivo contenido en su/sus etiquetas al precio que sea. Creen a pies juntillas la veracidad de dicho calificativo, así sea positivo o negativo, generando efectos variados y prolongados en el tiempo, tanto más cuanto más se ponga la atención en él.

Etiquetas negativas

En el caso de una etiqueta negativa, que se repite una y otra vez (eres un vago, patoso, es muy despistado…) nos vamos a encontrar con niños inseguros, con una autoestima cada vez más negativa, que con el tiempo dejarán de intentar nuevos retos. Llegamos a la conclusión, que para ellos es más difícil sobreponerse a la emoción negativa que sienten cuando oyen este tipo de calificativos hacia ellos (sobre todo viniendo de un adulto de referencia). Debemos intentar enfocar nuestro trato a un cambio en sus actitudes, porque quizás ni siquiera son conscientes de ellas, por diferentes motivos.

Etiquetas

Etiquetas positivas

No son menos dañinas que las anteriores. Siguen reflejando un calificativo del niño y modelando las actitudes posteriores. Igualmente “encasillan” porque por ejemplo ¿quién es el guapo que se atreve a contradecir al adulto que no para de llamarle valiente, estudioso, el mejor hermano, etc…? ¡Vaya carga!

Aquí nos podemos encontrar con personas demasiado exigentes consigo mismas y para las que las cosas nunca están lo suficientemente bien hechas. Personas con sobre esfuerzo, puede que tristes, pujando porque se les vea a ellos más que a lo que ellos consiguen o representan.

Y tú, ¿a qué etiquetas respondes o con cuál te has identificado en algún momento de tu vida?

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